Por Karina Cancino
FOTO: Christian García Ruano
El gobernador de Nayarit, Miguel Ángel Navarro Quintero, anunció que retirará la escultura Hermana Agua, una mujer desnuda inspirada en un poema de Amado Nervo. El problema no es la desnudez de la escultura, sino que usa la polémica como herramienta política conservadora.
Aunque el gobernador no se declara de derecha, incluso se regodea firmando sus acciones bajo el sello de la Cuarta Transformación —de aparente izquierda nacionalista— refleja un posicionamiento claramente conservador, dando prioridad una idea «moral estricta» frente a los derechos culturales y artísticos de la ciudadanía —esos que despreció en la derrumbada ciudad de las Artes y en su política cultural sexenal—.
Navarro Quintero afirmó que quitará a la Hermana Agua a petición de “grupos de mujeres” para “proteger la familia y los valores”, pero nunca identificó a esos colectivos ni presentó argumentos claros.
El gobernador anunció que el reemplazo será una escultura de una familia wixárika hecha en bronce, pero quizá no tomó en cuenta que el pueblo originario de Nayarit es el náyeri, lo que evidencia un desconocimiento del contexto cultural del estado.
Esto convierte la medida en un retroceso calculado, que busca sumar puntos en el discurso público apelando a la familia y los valores tradicionales, aunque no se practiquen realmente y que tire la primera piedra el que…
Por otro lado, su secretaria de gobierno, Rocío Esther González, explicó que “la gente se acercaba al gobernador para pedirle que lo quitara”, sin mencionar colectivos feministas. Esto muestra que la controversia proviene más de percepciones individuales que de un reclamo organizado.
Mientras estos anuncios suceden, se construye un estadio que se ha convertido en un estigma contra la libertad de expresión, otro permanece concesionado a un ente privado sin transparencia ni goce de beneficios públicos; mientras programas urgentes de atención a la violencia, salud o salud mental y apoyo a laa familias, quedan en segundo plano, frente a decisiones motivadas por una moral selectiva y algo de estética.
En Nayarit, el uso de la moral como argumento tiene consecuencias concretas, tal es el caso de activistas como Isaac Cárdenas es procesado y señalado por “daños a la moral”, aun cuando se ha documentado que las autoridades actuaron de manera cuestionable. Esto demuestra que la moral puede convertirse en un instrumento de control político, más que en un valor social genuino.
Ahora, si los políticos de Nayarit no entienden que la moral no puede ser una excusa para decisiones moralinas ni un mecanismo para controlar lo que otros piensan, terminarán imponiendo reglas que confunden arte con moral y miedo con justicia, afectando la libertad de expresión y la cultura pública local.