El Derecho en ConTexto
Por Luis Daniel Juárez
En México, las diputaciones y senadurías plurinominales (de representación proporcional) no se obtienen ganando un distrito, sino según el porcentaje total de votos que recibe cada partido. Hoy, 200 de los 500 diputados federales y 32 de los 128 senadores llegan por esta vía.
La figura nació con la Reforma Política de 1977, en un contexto donde un solo partido dominaba casi por completo el Congreso. La intención fue abrir el sistema e incorporar a las minorías al debate legislativo. No se trató de un gesto decorativo, sino de un mecanismo para evitar que millones de votos quedaran sin representación. La representación proporcional fue pensada como un contrapeso institucional frente a la concentración del poder.
Casi cincuenta años después, la pregunta es inevitable: ¿siguen siendo necesarios los plurinominales? Si observamos la lógica que los creó, la respuesta parece afirmativa. Cuando una fuerza política concentra una mayoría amplia, los mecanismos que garantizan pluralidad no pierden relevancia.
El problema no está en la figura, sino en cómo se utiliza. El episodio de aquella legisladora que afirmó, con desdén, que no necesitaba el voto porque era “pluri” sintetizó una percepción social profunda: que estos espacios se han convertido en designaciones internas más que en auténticos instrumentos de representación.
Hoy, las listas plurinominales se construyen dentro de las dirigencias partidistas. Existen reglas formales (paridad, acciones afirmativas, requisitos constitucionales), pero el orden de prelación se define en acuerdos internos. Quien ocupa los primeros lugares prácticamente tiene asegurado el escaño. No hay voto ciudadano directo sobre esas posiciones ni mecanismos abiertos que permitan a la militancia o a las minorías influir realmente en la selección.
El diseño buscaba integrar voces diversas; el método actual tiende a integrar cercanías políticas. El diseño pretendía representar minorías sociales; la práctica frecuentemente representa equilibrios de grupo, cuotas de poder o recompensas a lealtades.
Eliminar la representación proporcional podría debilitar el pluralismo. Mantenerla sin revisar el procedimiento de designación perpetúa la desconfianza. La discusión de fondo no debería centrarse en desaparecer la figura, sino en democratizarla. Porque la pluralidad sigue siendo necesaria; lo que se ha quedado viejo es la forma en que se decide quién la encarna.
* Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor.