Somos Nuestra Memoria
Por Boris González Ceja
Ni el “filósofo” puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio podría descifrar esta pregunta: ¿el amor es una experiencia personal o compartida?, ¿se siente o se elige? ¿Por qué, a veces, la voluntad resulta más fuerte que las “mariposas”? Cuando la persona es consciente y entiende que no solo de amor vive el hombre, descubre que la dinámica entre el amante y el amado sigue marcando nuestra vida cotidiana.
Febrero siempre nos confronta. Basta revisar tendencias: las búsquedas de “planes para San Valentín” conviven, irónicamente, con repuntes en frases como “crisis de pareja” o “cómo saber si ya no lo amo”. Celebramos el amor mientras dudamos de él.
En México crece la unión libre y cerca de tres de cada diez matrimonios terminan en divorcio. Muchas rupturas ocurren cuando la “chispa” se apaga y las personas se sienten vacías, cuando los proyectos individuales dejan de coincidir con el proyecto común.
Como psicólogo escucho con frecuencia la misma frase en voces de 20, 30 o 50 años: “Ya no siento lo mismo”. He atendido casos extremos —mujeres que han atravesado violencia, entornos criminales o decisiones límite— y, aun así, lo que más las derrumba no es el pasado, sino el vacío afectivo.
Mi respuesta suele incomodar: qué bueno que ya no lo sientes. Porque cuando el sentimiento se desvanece, por fin puede comenzar el amor como decisión.
### La trampa del sentimiento
En 2020 hubo cerca de 93 mil divorcios en el país; para 2024 la cifra rondó los 162 mil. Algo estamos confundiendo. El error más común es equiparar amor con enamoramiento.
El enamoramiento es una reacción instintiva, una descarga de dopamina y oxitocina que no controlamos. Es una experiencia intensa, pero pasajera. El amor, en cambio, no es una pasión fortuita: es una determinación consciente.
En una época dominada por la gratificación inmediata y algoritmos que nos dicen qué elegir, hemos olvidado que amar implica voluntad racional. Sentir es sencillo; decidir exige carácter.
Cuando nos obsesionamos con la “compatibilidad perfecta”, intentamos sistematizar un sentimiento. Lo que deberíamos fortalecer es nuestra capacidad de compromiso.
Amar es una disciplina diaria
Una relación no sobrevive con escenas de película, sino con claridad y responsabilidad. Entender el amor como decisión implica:
Aceptar la imperfección. No se trata de buscar a alguien que te “haga feliz”, sino a alguien con quien decidas construir bienestar, incluso en días grises.
Negociar de forma constante. Una relación es un proyecto compartido donde se establecen límites y se escuchan propuestas.
Ser constante. Algunos aplican el método 7-7-7: una cita cada siete días, una salida especial cada siete semanas. No es romanticismo espontáneo; es agenda. Es decidir que el otro importa por encima del cansancio y la rutina.
¿Cuándo quedarse y cuándo irse?
Decir que el amor es una decisión no significa tolerar lo intolerable. Si no hay respeto ni valores compartidos, la salida también es una decisión válida.
Pero si existe base ética y voluntad de diálogo, la ausencia de “mariposas” no debería ser motivo suficiente para huir. La experiencia clínica muestra que muchas parejas que acuden a terapia fortalecen su vínculo porque dejan de esperar que el sentimiento conduzca la relación y asumen el control de sus actos.
A ti, que dudas porque la rutina nubló tu mirada: el amor no es un destino, es una práctica. Mañana, al despertar, no te preguntes qué sientes. Pregúntate: “¿Elijo hoy trabajar por este proyecto común?”.
Si la respuesta es sí, entonces estás amando. Porque el amor que permanece no es el que nunca cambia, sino el que decide renovarse cada día.
Causas y azares…
La participación de la Secretaría de la Defensa Nacional en tareas de seguridad pública ha generado debate durante años. La presencia militar, por sí sola, no ha resuelto los problemas estructurales de violencia ni ha devuelto la tranquilidad a miles de familias.
¿Por qué municipios como Uruapan, aun con fuerte despliegue de fuerzas armadas, siguen siendo percibidos como inseguros? Porque la seguridad no se limita al patrullaje. Requiere prevención social, fortalecimiento institucional y participación comunitaria. Sin programas sólidos y sin coordinación real con la sociedad civil, cualquier estrategia queda incompleta.
Hasta la próxima. A veces pienso que quien está enamorado mira al otro como Dios lo miraría: en su mejor versión posible.
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