El Derecho en ConTexto | Luis Daniel Juárez García
¿Para qué sirven los sentidos?
Sirven para sobrevivir. Para no chocar. Para no caer. Para no comer veneno. Para reconocer el peligro y la oportunidad. Ver, oír, oler, tocar, probar: son herramientas de información. Sin información, el ser humano se pone en riesgo.
Ahora imagine una sociedad sin “sentidos”: una sociedad a la que se le impide ver cómo se usa el dinero público; a la que se le limita saber cómo viven quienes administran el poder; a la que se le oscurecen datos que deberían ser normales, accesibles, públicos. Eso no es orden. Eso es vulnerabilidad social.
El derecho a saber nace de la misma lógica que nuestros sentidos: la necesidad básica de información para funcionar. No es un lujo jurídico ni una concesión política; es un mecanismo de supervivencia colectiva. Por eso la ley mexicana es clara en su lógica: toda la información en manos del gobierno es pública por naturaleza. No al revés. No es el ciudadano quien debe justificar por qué quiere saber; es la autoridad la que, de forma excepcional y estricta, debe justificar por qué algo se oculta, y solo de manera temporal y por razones reales de interés público o seguridad nacional.
La regla es la luz; la reserva, la excepción. Cuando lo excepcional empieza a volverse costumbre, el problema deja de ser administrativo y se vuelve democrático. Limitar el acceso a información sobre el patrimonio de quienes ejercen poder público no es un trámite técnico: es quitarle a la sociedad uno de sus sentidos. Es pedirle que confíe a ciegas. Y la historia demuestra que las sociedades que caminan a ciegas terminan tropezando con los abusos.
El derecho a saber es joven, sí, pero no es débil. Ha crecido entre luchas sociales, exigencias ciudadanas y una idea tan simple que hasta un niño puede entenderla: quien maneja lo público debe poder ser observado. Oscurecer lo público no fortalece al gobierno. Lo debilita, porque cuando la información se esconde, también se esconde la confianza.
Una sociedad sin información es una sociedad desarmada frente al poder.